Notas
El niño de diez años no le gusta ser malo. Está conforme con él mismo, con su mundo, con su suerte.El diálogo con un adolescente debe tener el momento y el lugar favorable. Una charla de negociación durante una comida agitada o con límites de tiempo, está condenada al fracaso.
El niño de diez años profesa severos códigos contra la deshonestidad, sabe lo que está bien y lo que está mal, se opone al fraude, se preocupa mucho por saber “qué está mal”. Tiene interés por lo que está bien. Los padres no son los únicos interlocutores de su hijo adolescente.
